Tony A.

Mi nombre es Franco.

El nombre que me pusieron, ni bien nací, cuando mi madre biológica me entregó en adopción y me llevó a un orfanato, era Franco Gerosa. El apellido es muy común, como Pérez o González. Entonces lo único significativo que tengo es mi nombre cristiano: Franco.

Nací en Cagliari, Italia, el 16 de octubre del 1951. Si bien Franco es un nombre italiano muy común, era mi nombre. Yo respondía a ese nombre cuando me avisaban que era la hora de comer o de irme a la cama; cuando era la hora de ir a misa o de jugar. Incluso cuando me castigaban por hacer algo que no debía hacer. No tenía nada que me perteneciera excepto mi nombre: Franco.

Entonces sucedió. Mi vida se puso patas para arriba. Nadie me dijo lo que estaba pasando. Nadie me explicó que estaba dejando la única vida que había conocido hasta ese momento ni por qué. Me dijeron que me iba a vivir a América, con una familia de la cual yo iba a ser su nuevo hijo. ¿Qué significa eso para un niño de cinco años que nunca antes tuvo una familia? ¿Es esto algo bueno? ‘Ay sí… serás tan feliz’.

Llegué a América el 4 de diciembre de 1956. Dos días después conocí a mis futuros padres. Ellos estaban tan contentos de verme, porque yo era el niño que tanto habían esperado. Lo único que recuerdo es estar extremadamente cansado y muy hambriento.

Tony A.

‘Mangiare, mangiare’. Mi nuevo padre hablaba italiano y le explicó a mi nueva madre que yo tenía hambre. Mis nuevos padres me llevaron a mi nuevo hogar, que era en Pensilvania, y ahí tuve que aprender todo de nuevo; qué cosas hacer y cómo hacerlas. Al principio, la barrera del idioma era un problema, ya que mi madre no me entendía y mi padre tenía que traducir todo el tiempo. Después empezaron las reglas. Tuve que aprender a hablar su idioma. No me dejaban tomar el café negro; sólo con mucha azúcar y leche. Tuve que empezar a usar zapatos todo el tiempo, lo cual resultó ser un problema porque yo nunca antes había usado zapatos y realmente no podía caminar con ellos.

Mis dos nuevos padres procedían de familias numerosas. La familia de mi padre era italiana y la de mi madre era eslovena.

Como consecuencia, me mostraban a toda mi nueva familia como si fuese un auto usado. Todo esto era bastante confuso y además aterrador para mí, pero lo que me hizo más infeliz fue el tema de mi nombre. Mi nuevo padre se llamaba Anthony; le decían Tony. Y bueno, como yo estaba empezando una nueva vida, necesitaba tener un nombre nuevo.

Por supuesto que mi nombre de pila nuevo iba a ser Anthony, y como una concesión, supongo, mi segundo nombre sería Frank. Entonces mi nuevo nombre era Anthony Frank Armen. Pero dado que todos le decían Tony a mi padre, a mí también me empezaron a decir Tony. Esto causó algunos problemas. Por eso al final a mí me llamaban Tony Frank. No pretendo que entiendan cuánto odié siempre que me llamaran Tony Frank. Cuando mi madre me llamaba por ese nombre, para mí era como si alguien estuviera pasando las uñas por un pizarrón. Mis compañeros de la escuela me llamaban Tony Frank solo para burlarse y por maldad. Yo le decía a la gente ‘sólo decime Tony’.

Aprendí a aceptar mi nombre americano/adoptado por pura necesidad y por cuestiones legales. Pero, ¡mi nombre es FRANCO!

Tony Armen es un profesional ya jubilado. Su deseo era compartir esta parte de su historia con sus nietos y bisnietos.

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