María C.

Mi nombre es María. Soy de Neuquén Capital, y soy adoptada.

Cuando tenía 7 días de vida, llegué a mi actual familia.

Supe que era adoptada desde muy pequeña y siempre lo entendí. De hecho, siempre tuve mi primer partida de nacimiento a mano, en la cual están los datos de la señora que me tuvo en su vientre.

En la escuela primaria, mis compañeros solían pelearme y burlarse de mí por ser adoptada, pero a mí nunca me importó. Yo les decía: “Yo fui esperada, en cambio, vos no sabes si te buscaron o fuiste un error”.  Me defendía siempre con la misma frase.

Cuando cumplí 15 años, mi mamá, Teresa, me preguntó si yo quería buscar a la señora que me había tenido en su panza para poder compartir mi décimo quinto cumpleaños con ella. Ante esta pregunta, tuve sentimientos ambivalentes, una mitad mía de mi decía que si y la otra mitad me decía que no. Mi mamá tuvo una muy buena actitud, y buscó información sobre la señora.  Lo único que encontró fue un número de teléfono. Me lo dio y yo le agradecí. Lo tuve un tiempo, guardado, hasta que un día tomé coraje y llamé. Tuve mi primera frustración ya que cuando me atendieron el teléfono, me informaron que la persona que yo buscaba no vivía más allí.

Dejé de buscar. Me olvidé de todo.

Cuatro años después, cuando tenía ya 19, estaba de novia con Marcos, el padre de mi hijo, y una noche él me pregunta: “¿Amor, nunca buscaste en la guía?”. Mi reacción fue de sorpresa porque no se me había ocurrido, y de casualidad había debajo de mi cama una guía telefónica. Agarré la guía y comencé a buscar. Encontré un número telefónico. Lo anoté y lo guardé.

María C.

Unos días más tarde, después de mucho pensar, fui a la ferretería de los padres de Marcos. Me senté en el escritorio y acompañada por él y su mamá, sin pensarlo, llamé.

Me atendió una señora a la cual le pregunté si conocía a Dalila (así se llama mi madre biológica),“Ya te la paso”, me contestó. Apareció Dalila en la línea y me dijo: “Hola” y yo enseguida le contesté: “Hola mi nombre es María Carrera y ando buscando a mi mamá Dalila, ¿sos vos?”. Titubeando me contestó: “No soy tu madre, pero te puedo contar de ella, ya que yo soy tu abuela”.

Tuvimos una conversación de media hora, durante la cual lloré mientras ella me describía a mi madre biológica como una persona joven con muchos problemas de salud. También me contó que yo había nacido como resultado de una violación, y me enteré que tengo tres hermanos biológicos que son más chicos que yo. Los dos que me siguen viven con su padre acá en Neuquén, y el más chico vive con ella en Plottier.

Ya queriendo terminar la conversación, Dalila me dijo que siguiera en contacto con ella, y que ya me iba a contar más de la vida de “mi madre”. Le respondí que sí, que iba a mantener el contacto y también le dije que en algún momento querría conocerla personalmente. Me dijo que cuando yo quisiera ella me recibiría.

Durante ese año, llamé un par de veces más y luego dejé de hacerlo. Me sentí incómoda y además, ya había averiguado lo que quería saber.

Tres años más tarde, hablé con una amiga que vive en Plottier, y conversamos acerca de mi “mamá” y del hecho que ella también vive ahí. Mi amiga se ofreció a conseguirme información. Acepté su oferta pero le aclaré que no tenía ningún apuro.

Unas semanas más tarde, estaba trabajando en mi casa y de repente llega un mensaje en la computadora que decía: “Te conseguí el número de tu mamá biológica. ¿Lo querés?”. Tardé un rato en procesar lo que estaba leyendo. Finalmente, le contesté que me lo enviara. Luego, observé la pantalla de mi celular durante 45 minutos, hasta que respiré profundo y llamé.

Mi madre biológica atendió el teléfono y al principio negó ser mi madre.

Después de un rato, lo aceptó, y me contó esa parte de mi historia que yo aún no sabía. Aparentemente, mi abuela biológica nunca quiso a mi hermano biológico menor. Además, mi “abuela” se llevaba mal con mi “madre” y la obligó a darme en adopción. Mi “madre” era menor de edad cuando yo nací; tenía 16 años recién cumplidos. Supe que fui producto de una violación y me enteré que mi madre biológica intentó abortarme, y suicidarse cuando estaba embarazada de mí.

También pude comprobar que era verdad que tenía problemas de salud y que se estaba tratando, aunque no eran tan graves como me habían dicho.

Después de hablar una hora por reloj, y de “conocernos” terminamos la conversación con la promesa de que nos íbamos a escribir y mantener en contacto.

Un tiempo después, Dalila me envió fotos de mis hermanos biológicos y decidimos conocernos.

Mi hermano menor es asmático y lo tenían que traer a Neuquén a un control, a un lugar que queda a tres cuadras de mi casa. Llegó el día y fui a verlos a la clínica. No me olvido más. Entré a la clínica y ni bien la vi supe que era ella.

Estuvimos sentadas un rato mientas esperábamos el turno de mi hermano Nahuel, que en ese entonces tenía 7 años. Ella le dijo a su hijo pequeño que yo era una amiga. Conversamos de cualquier cosa menos de la adopción y del hecho que fuera mi madre biológica.

Unos días más tarde, Charly, mi pareja de ese momento, me convenció para que tenga otro encuentro con ella. Hablé con Dalila devuelta y esta vez me invitó a su casa. Fui con Charly y con mi hijo. Mi hijo jugó todo el rato del encuentro con mi hermano biológico Nahuel. Este es el recuerdo más especial y hermoso que conservo de aquel día: ver a mi hijo jugar con mi hermano menor como si se conociesen de toda la vida; un juego sin sesgos y colmado de inocencia y bondad.

Compartimos unos mates y algo pudimos hablar. Yo veía que ella me observaba, al igual que yo a ella. Me mostró fotos y la pude conocer un poco más. Esa fue la última vez que la vi.

Charly, mi pareja, me dijo: “Dalila y vos se parecen mucho. Tienen rasgos parecidos y posturas similares”. Su comentario me hizo sonreír.

Después de ese encuentro solo hemos intercambiado mensajes.

Tiempo después, me crucé de casualidad con unos de mis hermanos, aunque él no sabía quién soy yo.

Los mensajes entre Dalila y yo, iban y venían. Yo le contaba sobre mi hijo, sobre mi mamá adoptiva, sobre mi vida.

Después de un tiempo, me enteré que ella estaba embarazada nuevamente. Llegaba un nuevo integrante: el 4to. varón, a quien conocí sin querer, y cuando lo hice lo sentí muy mío, de mi sangre. Además, sufrí por él porque nació con problemas del corazón y no sé sabía si viviría. Me preocupé mucho. Escribí más seguido y me mantuve más en contacto.

Sin embargo, tiempo después, me enojé porque sabía que Dalila me ocultaba. Mis hermanos Oscar y Emilio, los que nacieron después que yo, sabían que yo había aparecido pero Dalila me negaba. Supe esto porque Emilio me contactó por Facebook y nos comunicamos por mensajes a través del Messenger. Oscar también me contactó, y me trató muy mal. Al parecer, mis hermanos se enojaron con Dalila y ella me culpó a mí de que mis hermanos no le hablaran más.

Un día, Dalila me llamó, me odió y me pidió que no hablara más con mis hermanos.

Me enojé mucho, y le dije que haría lo que creyera correcto. Pero ya era tarde, mis hermanos ya me habían bloqueado y borrado del Facebook, nuestro único canal de comunicación.

Después de ese episodio, el día de la madre de ese mismo año, tomé una decisión (que puede sonar fuerte y violenta): “maté a mi mamá biológica”. Esta fue la única forma para poder cerrar esa parte de mi historia y seguir adelante. Me dolió mucho. Lloré mucho. Me di cuenta que mis expectativas no se habían cumplido. Pero el tiempo pasó y pude aceptar.

Hoy, puedo decir que soy adoptada.

Estoy enormemente agradecida con mi mamá, la única, María Teresa.

La que me esperó desde el primer día, la que se jugó por mí, la que me tomó de la mano y nunca la soltó.

Gracias a Dios, aún la tengo a mi lado.

Hoy puedo decir: “Soy ADOPTADA y SOY FELIZ”.

____________

María C. es diseñadora gráfica y madre de un niño de 9

años. La siguiente frase la representa: “La adopción de una

actitud realmente positiva puede hacer maravillas para

agregar años a tu vida, un brinco a tu paso, una chispa a tus

ojos y todo por el estilo”.

Seguinos:

*El grupo La Voz del Hijo en Facebook es un grupo cerrado exclusivamente para quienes son hijos adoptivos.